viernes, 13 de enero de 2012

13/01/2.012 - El corazón de hielo.

Creo que hoy ha sido un día realmente interesante y deprimente, para qué negarlo. Empezamos, como siempre, con mal pie. Me levanto una hora antes, aunque me quedo dormido un ratito más para compensar esa balanza diaria que tanto me quiere hundir y tal.

Pues hemos estado patinando sobre hielo, y justo al entrar en la pista, resbalón y... ¡cataplof! Al suelo. El primero en caerse. Al principio cuesta bastante cogerle el truquillo, no sabes en qué posición poner los pies y por lo tanto es complicado, pero con el tiempo esa dificultad va desapareciendo, tal es que terminas a toda velocidad dando vueltas por la pista.

Y de repente, ostión (o no sé qué pasó), Carmen se cayo al suelo y se hizo daño. Eso tiene que doler. La pobre tuvo que salirse un rato porque le dolía. Y aunque podía haberme puesto en pose espectacular para la foto que estaba teniendo lugar en la pista en aquel instante, ella, mi hermana mayor, era más importante que una foto.

Después de preguntarle si estaba bien, continué dando vueltas y cayéndome. Lo típico, vamos. Hasta que nos tenemos que ir, me despido de ella, le doy un mini-inexistente abrazo, y tras comprar un refresco, casi vomito. La verdad es que puede que el patinaje me haya sentado bastante mal.

No tengo fuerzas para volver a darle dos besos y despedirme una vez más. No.

¿De qué sirve despedirse tres veces?

No hay comentarios:

Publicar un comentario