jueves, 5 de enero de 2012

04/01/2.012 - Ha vuelto...

Otra vez. Ayer fue la cena de clase, a la que asistimos cuatro personas y tal. Qué más daba, yo sabía lo que iba a pasar y cómo iba a terminar el día. Mal, terriblemente mal. Y así fue.

Para empezar, sobre las siete, yo estaba esperando a que Lydia llegase en el autobús. Giro la cabeza, veo a Carmen acercándose con un gesto de sorpresa y una pregunta: ¿Tú no decías que no venías? Señalé la bolsa que llevaba en la mano como respuesta.

Pero al fin y al cabo, la razón era que estaba allí por ella. No sé, debo ser idiota perdido y muchas cosas más. Me da dos besos, y ya empieza todo. Se supone que no nos íbamos a hablar. Ella lo rompió todo el primer Lunes de las Navidades, y ahora esto.

Empiezo a encontrarme mal. Muy mal. No me va a gustar cómo va a terminar esto. Después de encontrarnos con Eli y Ana, empezamos a andar hacia Plaza de Armas. Allí, comimos en el McDonald, recuerdo ya que no vuelvo a comer allí, y otra vez andando para El Corte Inglés.

Luego, al McDonald, Carmen fue a pedir algo, no recuerdo qué fue, o tal vez es que no quiero recordar más el día y por lo tanto tampoco quiero recordar qué pidió. Andando hacia la Torre de los Perdigones, allí nos despedimos de Eli.

Vomité, sí, las patatas del McDonald, por eso no vuelvo a comer allí en mi vida. Montamos en el 13, Lydia se bajó dos paradas después. Cerca del Carrefour se bajó Ana, y me quedé con Carmen. Andrés me saludó y yo también lo hice.

Y aquí empiezan los problemas graves:

-Carmen. Yo, verás, estoy empezando a sentir algo por otra persona. No sé qué es, pero es algo. Y siento que te estoy traicionando.

-Me parece muy bien -respondió con una sonrisa. Ella no entiende que a mí esto no me hace ningún bien, que lo único que hace es destrozarme. Pero no puede verlo.

-Y me siento mal, demasiado mal. Llevo ya varios días comiéndome la cabeza. ¿Te acuerdas de que el Lunes [...]?

-Sí. ¿Puedo preguntar quién es?

-Bego. Es Bego. Eso es lo que me duele.

La conversación terminó poco después. Fui a darle un abrazo, y ya empezamos otra vez.

-No.

Tras despedirme, se me saltaron las lágrimas. Nada había cambiado. Todo seguía igual de mal...

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