Ayer por la tarde, supongo que serían las siete de la tarde, llamé a Carmen para pedirle el nombre de la canción. La estuve anotando y tal, y por la noche la escuché. No sé si fue la cantante o no sé qué, me hizo quitar la canción al minuto de haber empezado a escucharla.
Las canciones que verdaderamente nos gustan suelen definirnos, ¿no? Por ejemplo, Pieces, de Sum 41, habla de aquella persona que trata de ser otra por el simple hecho de ser aceptada por la sociedad. Pero de todos modos, se da cuenta de que no puede ser feliz así.
Komm, süsser Tod, lo que puede ser traducido como Ven, dulce muerte. Una persona suicida sólo encuentra la felicidad en su propia muerte, nada más puede sacarlo de su estado de ánimo.
Además, no puede evitar tener la confianza de aquellos a los que quiere y ama. Y debido a esos pactos, se muere por dentro, pues es lo único que le impide suicidarse y acabar con su vida.
Recuerdo aquellos tiempos en los que pensaba en matarme. Ahora son imágenes lejanas por las que no creo que quiera volver a pasar.
No me alargo mucho más puesto que estoy en mitad de clase y no me haría gracia que tuviera que borrarlo todo. Ya en mi casa podría hacer una pequeña ampliación.
Bueno... prometí una actualización cuando llegase a casa, y aquí la tenéis. Os voy a contar una pequeña anécdota del día.
Cuando tuvimos clase de Lengua, con Lourdes, estuvimos escuchando varias canciones y buscando figuras retóricas y tópicos literarios en ellas. Vamos, lo que para mí se vuelve insufrible. Y resultó que en una de las canciones, La Libertad, de Andrés Calamaro, he de reconocer que las lágrimas pudieron conmigo y lloré.
Lourdes me miró con gesto preocupado, pero asentí con la cabeza. Quería seguir, por mucho que en el fondo me sintiera identificado con toda aquella poesía, que al fin y al cabo es lo que es, por mucho que me hiciera daño, necesitaba oírlo, saber que no estaba solo en el mundo...
jueves, 22 de diciembre de 2011
sábado, 17 de diciembre de 2011
15/12/2.011 & 17/12/2.011 - Tocado, hundido y alzado.
Este Jueves me he llevado el ostión más grande de mi vida hasta ahora. Sinceramente, creí que no podía seguir viviendo con ello. Era demasiado duro. Y... llega el fin de semana. Pienso que no voy a sobrevivir a esto. Me ha arrasado, arrastrado, me ha tocado y me ha hundido.
Al día siguiente me mostré sereno, con mirada perdida. Lo sé. Sé que se preocupa porque me lo estoy tomando demasiado bien. No sé qué pensará. Por otro lado, sabe que lo estoy pasando muy, muy mal.
Y la cuestión era: Cristina me cae bien, ¿qué hago?
Pues ha tenido que salir el tema en la conversación, cómo no. Y después de hablar...
"Hagáis lo que hagáis, os apoyaré a las dos, porque sois mis amigas".
Y entonces...
"Siento ser dura, pero no soy tu amiga, Aarón. En dos meses no te da tiempo a conocerme, y a Carmen tampoco".
Vale, empecemos. Mucha gente me dice que tengo una paciencia de oro, pero esto ya es el límite. Es decir, que en dos meses no la conozca, pues muy bien, al fin y al cabo no es que hablásemos mucho.
Y ahora, ¿me vas a decir que en un año, todas las cosas que he pasado con ella no me ha dado tiempo a conocerla? Discúlpame por ser así, pero me parece un poco irónico, la verdad. No tengo por qué ocultar nada, y no te guardo ningún rencor (mucho menos a ella), y me caes muy bien, de verdad. Me pareces una chica encantadora.
La conclusión, si según tu punto de vista no eres mi amiga, en ese caso según el mío tampoco debes serlo. Y sin embargo, no voy a mandarte a ningún lado, por el simple hecho de que para mí, en el fondo, eres mi amiga.
Al día siguiente me mostré sereno, con mirada perdida. Lo sé. Sé que se preocupa porque me lo estoy tomando demasiado bien. No sé qué pensará. Por otro lado, sabe que lo estoy pasando muy, muy mal.
Y la cuestión era: Cristina me cae bien, ¿qué hago?
Pues ha tenido que salir el tema en la conversación, cómo no. Y después de hablar...
"Hagáis lo que hagáis, os apoyaré a las dos, porque sois mis amigas".
Y entonces...
"Siento ser dura, pero no soy tu amiga, Aarón. En dos meses no te da tiempo a conocerme, y a Carmen tampoco".
Vale, empecemos. Mucha gente me dice que tengo una paciencia de oro, pero esto ya es el límite. Es decir, que en dos meses no la conozca, pues muy bien, al fin y al cabo no es que hablásemos mucho.
Y ahora, ¿me vas a decir que en un año, todas las cosas que he pasado con ella no me ha dado tiempo a conocerla? Discúlpame por ser así, pero me parece un poco irónico, la verdad. No tengo por qué ocultar nada, y no te guardo ningún rencor (mucho menos a ella), y me caes muy bien, de verdad. Me pareces una chica encantadora.
La conclusión, si según tu punto de vista no eres mi amiga, en ese caso según el mío tampoco debes serlo. Y sin embargo, no voy a mandarte a ningún lado, por el simple hecho de que para mí, en el fondo, eres mi amiga.
sábado, 3 de diciembre de 2011
30/11/2.011 & 2/12/2.011 - ¿Murallas?
He pasado una semana espectacularmente mala.
Todo empezó ya, el Miércoles. Estaba teniendo una charla con Carmen durante el recreo, y en cierto momento entornó los ojos, casi no respiró y comenzó a pellizcarse y a sujetarse ella misma con fuerza.
-Ayer me acordé de ti. Vi un cartel de M-Clan. Me acordé de Fran. Entonces me acordé de ti. Tú me recuerdas a otra persona, y esa persona a otras cosas, y esas otras cosas a otras cosas.
Resumiento, le recuerdo a algo malo. Bien, después de salir de la clase lleno de impotencia, entro en el aula de Griego, miro el pilar de la pared.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete golpes directos con la mano derecha. Necesitaba descargarme, hacerme daño, eliminar lo negativo de mí.
La mano estaba roja, y salí fuera a llorar. Eli me vio, como de costumbre, y estuvimos hablando en el patio. Las charlas que tengo con ella no me dejan indiferente. Están cargadas de contenido, pero nunca logro llevarlo a la práctica. Es como si fuera inútil.
Y para colmo, llego el Viernes, estoy hablando con Elizabeth, interviene Carmen y la mando fuera con un directo: "No te metas en la conversación".
Eres gilipollas. Soy gilipollas. Y para rematar la faena, se repitió. Quiso hacerme perder para sacarme una sonrisa. El resultado fue: "No tengo ganas de reírme, ¿vale?"
Y ahí comenzó todo. Quise escucharla, pero estaba ardiendo. No tenía fuerzas.
Y cuando la miré a los ojos, oculté lo que quería haberle dicho. Durante Latín estuve llorando, y para qué negarlo, fue horrible. Sin embargo, Carlota siempre consigue hacerme reir. Es algo extraño.
Pude sonreir un poco y a la siguiente hora, le dije a Carmen que luego quería hablar con ella. Y quedamos en eso, había que dejar la bipolaridad, pero sólo lo dije si ella no se comía más la cabeza. ¡Para un pacto hay que estar LOS DOS de acuerdo!
Creo que al final, tuve un día tranquilo, pero, cómo no, Mayte... lo destrozó al final...
Todo empezó ya, el Miércoles. Estaba teniendo una charla con Carmen durante el recreo, y en cierto momento entornó los ojos, casi no respiró y comenzó a pellizcarse y a sujetarse ella misma con fuerza.
-Ayer me acordé de ti. Vi un cartel de M-Clan. Me acordé de Fran. Entonces me acordé de ti. Tú me recuerdas a otra persona, y esa persona a otras cosas, y esas otras cosas a otras cosas.
Resumiento, le recuerdo a algo malo. Bien, después de salir de la clase lleno de impotencia, entro en el aula de Griego, miro el pilar de la pared.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete golpes directos con la mano derecha. Necesitaba descargarme, hacerme daño, eliminar lo negativo de mí.
La mano estaba roja, y salí fuera a llorar. Eli me vio, como de costumbre, y estuvimos hablando en el patio. Las charlas que tengo con ella no me dejan indiferente. Están cargadas de contenido, pero nunca logro llevarlo a la práctica. Es como si fuera inútil.
Y para colmo, llego el Viernes, estoy hablando con Elizabeth, interviene Carmen y la mando fuera con un directo: "No te metas en la conversación".
Eres gilipollas. Soy gilipollas. Y para rematar la faena, se repitió. Quiso hacerme perder para sacarme una sonrisa. El resultado fue: "No tengo ganas de reírme, ¿vale?"
Y ahí comenzó todo. Quise escucharla, pero estaba ardiendo. No tenía fuerzas.
Y cuando la miré a los ojos, oculté lo que quería haberle dicho. Durante Latín estuve llorando, y para qué negarlo, fue horrible. Sin embargo, Carlota siempre consigue hacerme reir. Es algo extraño.
Pude sonreir un poco y a la siguiente hora, le dije a Carmen que luego quería hablar con ella. Y quedamos en eso, había que dejar la bipolaridad, pero sólo lo dije si ella no se comía más la cabeza. ¡Para un pacto hay que estar LOS DOS de acuerdo!
Creo que al final, tuve un día tranquilo, pero, cómo no, Mayte... lo destrozó al final...
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