¡¡Hola a todos de nuevo!! Bueno, más bien a cualquiera que lea esto. Tras mucho tiempo sin poder contar uno de mis días, os cuento uno algo fuera de lo normal, acontecido en el día de hoy.
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La mañana no fue como esperaba. Tal vez porque me desperté dos veces en plena noche. Con un dolor de estómago terrible, de hecho, aunque bueno, para qué negarlo, me levanté para ir al baño. Tras entrar dos veces, me volví a quedar dormido, y esperé a la llegada de la mañana, el momento en el que pesadamente, me levantaría, vestiría, y echaría a andar para ir al Instituto.
Suelo salir cuando aún quedan veinte minutos, porque me gusta ir pensando en mis cosas, y además me encanta andar despacio. La verdad es que, para mí, a esas horas de la mañana, no tener a nadie al lado me supone una especie de liberación. Una enorme tranquilidad.
Cuando llegué, nada más entrar, avancé hacia la puerta de entrada y aproximadamente a doce baldosas de la puerta, me di la vuelta girando sobre mí mismo y me quedé allí parado. Siempre lo hago. El primero en llegar fue Sebas, de la clase de Ciencias, la que tengo al lado. Doy gracias por no haber elegido ciencias. Tan sólo escuchándolos hablar de ecuaciones no lineales se me saltan los lagrimones (que conste que es en sentido cómico).
Después entró... no recuerdo quién, creo que fue Nora, y luego Raquel, a la que felicité por su cumpleaños, con un seco "Felicidades". Al fin y al cabo, es lo que siempre digo por general a cualquiera, salvo que esa persona sea distinta de los demás.
En fin... cuando abrieron las puertas, subí con Sebas y estuvimos charlando en la segunda planta mientras llegaba Irene. Es la subdelegada de clase, pero como el delegado, Alejandro De La Prida, no hace mucho uso del cargo, es ella la que se hace cargo de las llaves. Cuando llegó, el profesor de Latín, Ramón, ya venía por el pasillo, andando detrás de dos compañeras más. Las cerebritas, Lydia y Carmen. Ni más ni menos. Qué aprecio le tengo a la segunda.
Pero bueno, continuemos. Carmen había venido con una planificación de los días que quedaban antes de los dos exámenes consecutivos de teoría y práctica. Mira que me gusta poco, pero no pongo quejas al respecto, ya que, haga lo que haga, nada cambiará la decisión de Ramón.
En medio de la clase recibí un impacto en el hombro de una bola de papel. Miré hacia atrás tan sólo para ver a Laura riéndose a carcajadas. Fui a recogerla, pero...
-Laura, como me des... -comenzó Carmen, que estaba sentada junto a la mesa del profesor, y la bola había caído cerca de ella.
-No te metas -corté secamente-, ¡pasa!
-Qué chaval -saltó Irene, la cual me miraba con gesto serio-, para una vez que te defiende.
Me entraron ganas de agarrar el libro de Latín con todas mis fuerzas y estrellárselo en la cabeza, pero de nuevo, la idea de que es mi mejor amiga me contiene.
La clase, siendo muy aburrida, me la pasé haciendo Sociales, que no había hecho los ejercicios, y terminó. Ahora tocaba, eso, Sociales. Pasamos la hora corrigiendo los exámenes. Puntuados sobre 5, obtuve un 4'8. ¡Agh! ¡Maldita Walesa, era polaca, no británica! ¡Y el país donde la revolución comunista fue más sangrienta fue Rumanía, no China!
Como siempre, no me quejé de nada y a la siguiente hora teníamos Matemáticas. Juro que hay veces que no entiendo ni papa de lo que explica Chari, que también es la tutora, pero hago lo que puedo por prestar atención. Apruebo los exámenes con algo de suerte, aunque tampoco puedo decir que son los más difíciles de todas las asignaturas. Hemos dado ya la Continuidad y Discontinuidad de las funciones, y pronto tendremos el examen.
Algo más tarde llegó el recreo, en el que no hice nada especial, salvo reírme mucho. De vez en cuando necesitamos reírnos. Definitivamente, sí.
Llega la clase de Informática, pero tengo fastidiados los archivos del tema y tengo que empezarlo desde el principio. Mi cara debía de ser un poema... Aparte de eso, nada fuera de lo normal durante la hora.
Inglés... La asignatura que mejor se me da, y sin embargo en la que más tiempo me paso con la cabeza apoyada en la mano izquierda mientras me quedo embelesado mirando el pelo de Carmen, que está sentada dos mesas a mi derecha, en primera fila.
Y por último, y para rematar la faena, teníamos una charla de un taller de Sexualidad. Qué bochorno, sí, qué bochorno. ¡Y encima teníamos que exponer! Mi reacción fue: ¿CÓMO? Me aguanté, una vez más, y cuando me llegó el turno en mi grupo, comencé a hablar y se oyeron las risas del grupo que estaba al fondo. Principalmente provenían de Alejandro De La Prida y de Alberto Rojas.
-¡Aarón! ¡Ja ja ja ja ja!
"Si os dieran dinero por cada gilipollez que soltáis os aseguro que seríais multimillonarios" pensé, pero terminé la exposición en menos de medio minuto, dejándolos sin posibilidad de soltar más gilipolleces. Sonó el timbre que anunciaba el fin de las clases, y recogí la mochila. Salí junto a Lydia y a Carmen, y nos quedamos esperando a una de sus amigas, Noe. Cuando salió, Carmen se perdió entre la multitud para despedirse de ella mientras yo aguardaba con Lydia al otro lado de esa marea humana.
Volvimos a caminar los tres juntos, mientas por mi mente cruzaban distintas ideas.
-Oye -le dije a Carmen-, tal vez, de aquí a antes de que termine el curso, me mates.
-Llevo queriendo matarte desde principios de curso -respondió.
-¡Eh, espera! ¡A principios no sabías que...! Por cierto, ¿cuándo empezamos a hablarnos nosotros?
-No recuerdo...
-Sé que las primera vez que hablamos serios fue en clase de Latín, cuando leíste algunos de mis poemas, y yo estaba muerto de miedo, porque sabía ya que tú podías saberlo, y yo pensaba: "Que no se dé cuenta, por favor, que no se dé cuenta".
Ella sonrió... Y llegó el momento de separarnos.
-¿Puedo darte un abrazo? -pregunté.
-No.
-¿Po qué?
-¿Po qué?
-Sí, ¿po qué?
-Anda, dos besos, que tengo que irme.
Asentí con la cabeza y me despedí de ella.
-¡Tal vez deberías despejarte un poco de todo lo que tienes en la cabeza! -exclamé, y eché a andar hacia casa...
Aarón,tío, eres todo un poeta!! (Y eso que esto que acabo de leer es prosa). :)
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